De paredes negras y apagadas, el castillo se alzaba tenebrosamente sobre unas colinas vacías de todo rastro de vida. Siempre que se hablaba sobre él, se describia con palabras temerosas. Entre sus muros no se encontraba color alguno a parte del negro y el gris .No habia en él calidez ni ternura, sólo un frío sepulcral que lo invadia todo. Se decía que todo aquel que pasase una noche allí, al día siguiente carecía de alma y conciencía de sí mismo.
Un trueno escalofriante resonó en las frías paredes del castillo cortando el silencio sepulcral que en ese momento lo inundaba.
El siervo , qe era sin duda el más apuesto de castillo, a pesar de ser esclavo. tenía una cara cn facciones masculinas y bellas, su pelo rubio le caía sobre la frente en mechones desordenador y tanía unos ojos grandes y expresivas de color azul cielo. Llevaba una vestimenta muy pobre por el hecho de ser siervo, pero era una persona muy fiel y sincera a la vez que buena persona.
Tragó saliva a la misma vez que llamaba desesperadamente a la puerta de los aposentos de su señor. Que era una habitación bastante amplia, ya que la habitación era del rey.Era muy distinguida de lo demás aposentos era más lujosa, la cama era de la mejor calidad que había tenía tres ventanas para que cuendo él se despertase pudiera darle la luz del sol.
Viendo que no obtenía respuesta alguna,abrió la puerta sin más dilaciones. La escena que encontró fue completamente inesperada, por lo que se quedó con la boca abierta.
Su señor . Sir Mckeage, se encontraba apoyado contra la ventana,y contemplaba la noche con una enorme tristeza .
-Nos vuelven a atacar- dijo con voz monótona adivinando lo que venía a contarle su fiel vasallo.
-Sí, señor - respondió éste apresuradamente, con los nervios a flor de piel- sus soldados esperan su incorporación a la batalla. para que así pueda liderarlos.
Claro que sí, Morgan. Quiero que te unas de inmediato a los arqueros. Puede que nos sirvas de ayuda- Sir Mckeage, que ya llevaba puesta su honorable armadura, agarró su espada y se dispuso a salir -Pero antes asegúrate de que las mujeres y los niños estén bien escondidos en los pasadizos.
Lo que no sabía Sir Mckeage, es que Morgan ya se había encargado de la proteción de las mujeres y los niños.
-Sí ,señor- hizo una torpe inclinación.
Sir Mckeage empezó a caminar hacia la encornizada lucha, pero antes se volvió y miró a Morgan a lo ojos.
-Otra vez se trata de los Lancaster ¿ verdad ?
Morgan asintió apesadumbrado. Hacía varios meses que los Lancaster habian demostrado un extraño deseo de apoderarse de las tierras de los Mckeage .
Sir Mckeage hizo una mueca de repugnancia , para nada sorprendido por la identidad de sus atacantes , y entonces se marchó .
Morgan ,rapido como el viento encontró un arco y flechas. Y un tanto excitado por la oprtunidad que se le presentaba de mostrar su agilidad con el arco, el joven siervo se encaminó hacia la batalla.
A kilometros de deistancia del combate se encontraba lady Lancaster,que tenía una redondíta, tenía una frente inteligente, una ojos azules grandees, la nariz era fina y larga su boca habladora , el cuello elegante, sus dientes alienados y blancos, sus mejillas rojas, labios finos y sensuales, sus cejas finas y cortas, su color moreno, su cabello largo y rubio. Su forma de ser era malvada solo pensaba en ella sólo quería matar al rey contrario, era lista, barbara y muy rencorosa.
Canturreaba felizmente mientras miraba su hermoso rostro en el espejo de su habitación.
-A estas alturas mi marido ya habrá conseguido invadir el castillo de mis antepasados- gorjeó alegre.
Aunque no quería en absoluto a su arido, si que era consciente de su fiereza y en los despiadado que podía llegar a convertirse.
-Por supuesto, mi lady- contestó Mary, su dama de compañía a la que inexplicablemente lady Lancaster le habia cogido cierto afecto. La joven era pequeña y delgada.Siempre que alguien hablaba con ella, bajaba su mirada del color del chocolate, timida y atenta , jamás se le escapaba ningun detalle.
era la más observaora del castillo, y la más callada . Su pelo negro como el azabache, caía en desordenados mechones por su rostro en forma de corazón, adornado por unos labios finos y femeninos muy expresivos; su narís, pequeña y graciosa sólo embellecía más su cara. Siempre era humilde con los demás, nunca juzgaba a nadie.Preferia hacer sus tareas sin distraerse y con eficacia.
Era raro debido a la famosa frialdad de la que se caracterizaba Elisabeth Lancaster.
-Encuanto vuelva a pertenecer a nuestra familia , resolveré de una vez por todas la estúpida predicción de esa vieja bruja,y así demostraré que se equivocaba- hizo un gesto con la mano desdeñoso.Hoy en día todo parece nacer de mentiras y farsas.
Mary observó a lady Lancaster en silencio,sin duda la señora más bella que habia conocido.Rubia, de ojos azules , era alta y orgullosa, y su figura era curvilínia y voloptuosa. Sólo su cruelda era mayor que su belleza.
-Por supuesto, mi lady.
-¿Es que sólo sabes decir eso? ¡Dime qué opinas! -le ordenó irritada.
Mary miró sus zapatos azorada.
-Pu-pues...creo que..si de verdad existe ese muchacho, podría morir hoy luchando , y así jamás conseguirías conocerle - balbuceó con sinceridad.
Lady Lancaster se quedó se quedó repentinamente en silencio , pero pronto volvió adoptar su pose de indiferencia.
-Si así ocurre, entonces el destino me ahorrará el trabajo sucio respondió con una voz afilada.
Lady Lancaster ajena al estremecimiento que provocaron sus palabras en Mary, recordó una vez más aquella noche tormentosa de hacía ya cuatro meses.
Una de sus siervas había ido a llamarla diciendo que una desconocida solicitaba su presencia y Elisabeth frustada y furiosa por la interrupción de su cena, se había dirigido a pasos bruscos hacia la entrada del castillo.
Su indignación aumentó sobremanera cuando vio que quien decia querer hablar con ella no era nada más ni menos que una vulgar vieja sin ninguna importancia social.Tenía una cara muy pequeña y arrugada, con unos ojos pequeños y almendrados. Con una nariz larga y torcida, unos pelos canosos, estropagosos y no muy largos recogidos con un pequeño moño. Tenía un aspecto muy serio y tenía cara de pocos amigos. Llevaba una ropa muy pobre y algo rota y en su cabeza llevaba un pañuelo bastante sucio.
-¿Quien eres y a qé vienes a estas horas?- preguntó sin ninguna calidez en su voz hacia su inesperada invitada.
La anciana, que se reguardaba del frío con una zarrapastrosa capa, la miró sulpicante.
-He venido porque necesito un lugar donde quedarme esta noche, si no moriré de frío humilde señora. Si me acoge en su castillo sólo ésta noche , acambio le daré información valiosa.
Elisabeth la miró con desprecio ¿ Qué demonios iba a poder decirle esa desgraciada vieja que tuviese valor?
-No necesito saber de las hablidurias de una anciana apenas ya cuerda.¡Echenla!- ordenó a sus guardias- y no quiero que se me vuelva a molestar. Se dió la vuelta , dispuesta a volver hacia el comedor y a ignorar las lastimeras súplicas de la anciana mientras era empujada despiadadamente hacía la salida del castillo.
-¡No!¡Maldita mujer, no tienes corazón!-chilló estridentemente-En el lugar del que procede tu linaje nació hace veinticinco años un niño.Sangre de tu sangre él esta destinado a hacerte caer hacia lo más bajo, ¡Tal y como mereces!- sentenció la vieja ahora con la voz teñida por la rabia.
Lady Lancaster se quedó paralizada y se dio la vuelta lentamente para sostener la mirada negra y sabia de la anciana.
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susurraron unas voces en la retorcida mente de Elizabeth.
-Haced que salga de aquí ahora mismo, y si vuelve a acercarse a estas tierras, dad la orden de que la persigan y la maten- susurró con voz gélida, y después volvió hacia el comedor.
Lady Lancaster volvió a la realidad de inmediato.
Ahora ya hacia musho de eso y si Dios lo queria, esa maldita bruja estaría ya muerta.
Después de aquel día había convencido a su manipulable marido de que debian recuperar las tierras que hacia siglos le habian arrebatado limpiamente los Mckeage mediante una batalla. De allí era de donde procedía su linaje.
Donde la anciana habia dicho que nació quien le haria caer hacia lo más bajo.
Era una pena que los Lancaster hubiesen ganado , teniamos que irnos sin nuestras cosas a un lugar más abandonado, a un lugar que no era nuestro hogar.Muchos habian muerto para nada pero aun así,todos decian que habia luchado de maravilla. aunque no hubiera defendido al castillo como tenia que hacerlo. Yo en realidad no estaba deacuerdo con los demás en eso.
Aunque savia que era bueno con el arco no habia sido capaz de proteger a los habitantes del castillo. Pero de eso ya hacia meses y aunque seguia estando disgustado conmigo mismo me gustaba en cierto modo la idea de que Elisabeth Lancaster no había conseguido lo que en verdad queria. Mi señor negociaba con otros nobles para quitarle a Elisabeth Lancaster el favor del rey. Ya que los Lancaster eran sus favoritos, ahora que habian ganado tantas batallas. Pero gracías a Dios tenia a dos personas muy importantes a mi lado. Max y Peter, un juglar y un clerigo del castillo de los Mackeage, que ya que no tenían hogar ivan de pueblo en pueblo cantando y recitando las hazañas de los heroes. Y se habian enterado entre sus largos recorridos por las calles de que habia una iglesia en la que todos los monjes no paraban de hablar que tenian que hacer algo para borrar del mapa a los Lancaster. Ya que creian que los había poseído el demonio. Y también se enteraron de que Elisabeth Lancaster estaba buscando un mundo fantastico bajo tierra, que le daria muchas riquezas y tierras nuevas. Y mucha fama en palacio.
Pero eso no me importaba ami, lo unico que me importaba era volver a ser feliz con la gente qeu yo queria, que era poca. Y volver a tener un hogar como el de antes.
Pero para eso quedaba mucho, porque mis amigos Max y Peter, Su cara era ancha llena de arrugas, tenía una frente arrugada e inteligente unos ojos verdes y pequeños, la nariz era gorda, chica, su boca grande , el cuello apenas se le veía, sus dientes eran negros, era calvo. su forma de ser es buena ayudaba al rey bueno era listoy contento.
Me habian dicho que se avecinaba una batalla campal.
Sin casa, sin familia, sin felicidad.
sólo había espacio para un sentimiento: el odio. Eso es lo que sentía Morgan a cada instante, a cada segundo. Iba a vengarse, lo tenia clarísimo . Era lo único en lo que pensaba, en cómo asaltar su antiguo hogar: El nuevo castillo de los Lancaster.
De lo que estaba seguro era de que lady lancaster no le iba a dar tiempo a encontrar ese lugar bajo tierra para adquirir poder.
El acabaría con ella. Lo haría , sin prejuicios.
Mientras Morgan planeaba su ataque inminente hacia su castillo, Elisabeth Lancaster buscaba furiosa a su marido.
-¿Por qué nos atacan unos monjes estúpidos?- preguntaba ella rabiosa una y otra vez.
Una emoción desconocida se habia instalado en el interior de Elisabeth: Miedo. Nunca antes lo habia sentido, pero era así. Sentía su temor, por perderlo todo y sus tierras, su poder e incluso a Mary.
- No losé, sólo quiero que te escondas, querida. tenemos que defendernos, y tú eres una mujer- dijo su marido, Sir Lancaster como si el hecho de pertenecer al género femenino fuera un insulto- Solo estorbas si te quedas aqui en medio.¡Lárgate!
Ella, horriblemente heridda por sus palabras, se marchó corriendo a su habitación desobedeciendo a su marido al no esconderse de sus asaltantes.
Allí, se tiró al lecho y lloró impotente.
Jamás habia enseñado a amar. Sólo a despreciar a cuantos la rodeaban, y a preocuparse por dos cosas: la belleza exterior y el poder, nada más.
Su corazón era frío como el hielo, pero ¿Acaso ella había tenido la culpa? No, sino quienes la habian instruido a apreciar cosas tan superficiales en la vida.
Escondido entre las sombras, Morgan contemplaba la entrada del castillo de los Lancaster.
Con el desprecio haciendo eso en su alma, se caló con facilidad en el interior del castillo.
¿Por qué había tan pocos soldados vigilando? Él no recordaba a tan pocos tras la batalla entre su gente y los Lancaster.Seguramente los habría atacado ya la iglesia.Si , eso era lo mejor para llevar a cavo sus planes.
Recorrió los pasillos que tan bien se sabia hasta llegar a antiguos aposentos de su señor.Seguramente aquellos desgraciados,se habrían quedado con aquel lugar para dormir.Cuando entró se encontró con una bella mujer de su edad,rubia, y vestida con ropajes de seda.
Era ella.
Desenvainó su espada suavemente,para no alertarla de su presencia,ya que se encontraba de espalda a él, mirando por la ventana.
Ella se giró rápidamente al oír el entrechocar del metal y entonces se encontró con su viva imagen en el rostro de un hombre.
Conmocionada por la aposición de Morgan, quien parecia una bestia salvaje, Elizabeth decidió guardar silencio.
Era él.A quien ella buscaba.
-Morirás por lo que has hecho-rugió Morgan abalanzándose sobre Elisabeth lloraba, pero no de miedo, sino de añoranza.
-¿ Morgan ?-sollozó ella, reconociendo a su gemelo perdido hacía ya tantos años.
Durante su infancia él había sido el unico que le había mostrado amor y cariño. Él la había protegido siempre de los demás, hasta que a los ochos aos un criado secuestró y se lo llevó para siempre.
Dejándola a ella sola, desprotegida.
-¡Tú no me conoces maldita bruja! ¡Nos ejaste sin hogar a tdos sólo por poder!-cegado por la furia, Morgan le cortó limpiamente en el cuello dejando un reguero de sangre en su espada.
Lady Lancaster, medio muerta y sintiendose traicionada por el comportamiento de su gemelo, le dijo entre nipidos sangrientos.
-¿No me recuerdas, Morgan?
Ni si quiera él la queria ya.
¿Para qué seguir viviendo entonces? Aceptaria su muerte con gusto.
Morgan, extrañado por su pregunta, la observó atentamente, y entonces, con horror, recordó.
-¡No, hermana!-se arrodilló junto a ella y la estrechó contra él-¿Qué he hecho?
Los recuerdos llegaron a él como puñaladas en su corazón: Una niña pequeñita, apenas crecida para su edad,vulnerable, a quien nadie la queria por su mujer, a quien él siempre habia querido con devoción.
Su hermana, su hermanita.
-Siempre lloró tu ausencia-hipó ella en susurros, apenas ya con fuerzas, y con los ojos brillantes por las lágrimas-Morgan, mi querido Morgan.
De repente sus ojos dejaron los brazos de su gemelo.
-¡No!-gritó Morgan angustiado-¡No, por favor!.
Oyó a los soldados al otro lado de la puerta.
Ya no había esperanzas. Había matado a su hermana. Él, con sus porpias manos.
Sabiendo que si no lo hacía él de todos modos lo despedazarian los soldados, Morgan cogió su espada manchada con la sangre de su hemana, y sin preámbulos, se mató, suicidándose, condenandose a una eternidad de pecado fuera del cariño de Dios.
Y así acaba la historia sobre Morgan el guericio y su hermana la implacable Lady Lancastes.
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viernes, 26 de noviembre de 2010
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